Come y sabrás
Un país es representado por su propia comida
¿Por qué viajamos? Dicen que viajar abre la mente porque vemos lugares, culturas, construcciones diferentes de donde vivimos y quedan imprimidos en nuestra mente. Pero no es sólo eso. Cuando regresamos a nuestro país, luego de haber visitado otro, hablamos también de lo que comimos, tomamos y si nos gustó. No utilizamos sólo nuestros recuerdos sino también nuestros cinco sentidos para que nos hagan recorrer un placer en la mente, fijando fuertemente en nuestra memoria sabores y sensaciones. Entonces podemos decir que la comida está también al centro del viaje.
La comida es la esencia de la cultura de otro pueblo, es su historia en un plato. Es la encarnación viviente del pasado, presente y futuro. Es el punto donde cada persona que viaja encuentra la gente de la tierra a la cual llega. Museos, monumentos, templos y tesoros que son una maravilla a su manera, pero son puntos fijos. Ellos hablan de un lugar en un momento específico del tiempo. Solo la comida (y el lenguaje) continua a evolucionar siglo tras siglo, tejiendo un cuadro comestible con ingredientes que llegan en este o en otro periodo, utilizando técnicas que recuerdan la influencia de los inmigrantes, de una conquista o de un cambio social. La comida jamás llega por casualidad, hay siempre un cuento y una historia también detrás de cada plato por más simple que pueda ser.
Cuando estamos de viaje nos detenemos en las calle, nos adentramos en un bar, nos sentamos a la mesa de un restaurante porque tenemos hambre, porque somos curiosos. Tomamos el menú, si está, o escuchamos el listado de los platos que nos viene presentado en un idioma que probablemente no entendemos bien o analizamos ingredientes desconocidos que van a ser cocinados o en una olla o en el sartén.
Es totalmente diferente la emoción que podemos sentir cuando visitamos museos o monumentos, templos o tesoros. Encontramos una cultura en forma inerte y aséptica. Cuando viajamos al interior de un país estamos aislados, en medida mayor o menor, por los medios de transporte que escogemos, el extraño idioma, por el grupo, grande o pequeño, con el cual viajamos. Sólo cuando comemos enfrentamos aquella cultura en su forma verdadera, viva y vibrante. A condición de no ser refugiados en el más cercano McDonald’s o Starbucks o de no habernos aislados en el cuarto de nuestro hotel.
Por esto tutelar y promover la cultura culinaria de cada país es tan importante. El sentido de identidad mas profundo del individuo está amarrado a la comida. Es singular que los inmigrantes renuncien a sus vestidos, hábitos sociales, idioma, hasta religión, ante de perder el gusto a la comida del país de origen. La comida de cada país es el idioma mas profundo de cada estado que habla, se exprime y trasmite sensaciones, emociones que quedan en el recuerdo de cada persona. Que singular, cuando visitamos un país, recordamos lugares, construcciones y también lo que comimos, transformando nuestro alimento en un verdadero y propio punto de estrategia turística. No es una novedad que cuando hablamos de un estado sabemos sus platos típicos como la pizza de Italia, el ceviche de México, la paella de España y así adelante.
El placer y la alegría de la vida residen en su diversidad y variedad, no en la homogeneidad. ¿Porque darse la pena de visitar otros países si no son diferentes del lugar en el cual vivimos? La comida es la encarnación de aquella diferencia presentada en su forma más accesible, más placentera. Pero esta diferencia la podemos encontrar en el mismo estado, no es necesario salir de nuestro propio país. Solo cuando hablamos de Italia, el norte y el sur son distintos como mentalidad y como gastronomía, igual en Ecuador. Los platos y los productos son distintos desde Costa a Oriente, pasando por la Sierra. Pero en la misma costa podemos subdividirla más aun. Cuando hablamos de ‘encocado’ debemos recordar la provincia de Esmeraldas, recordada por el desembarco de miles de esclavos africanos que utilizaban el coco. Lo mismo podemos decir en las otras zonas de Ecuador y podemos ver que hay un viaje que hacer en cada zona de nuestro estado. El mismo cacao, aunque plantando la misma calidad en diferentes zonas, debido a cambios de micro-climas, terreno y sol, llegamos a percibir características organolépticas en la boca muy distintas. Esto lo saben bien los cacaoteros. Pero podemos hacer la misma consideración para otros productos como la maracuyá que en la costa es tendiente hacia el sabor acido a diferencia de la sierra que es más dulce.
Lo repito, Ecuador es un verdadero patrimonio de biodiversidad alimenticia y no solo, es tan grande que no se si sabemos todo de este estado pequeño pero inmenso al mismo tiempo. Primero que salir de nuestro estado, diría mi abuela, “…es mejor conocerse bien nuestros lugares, su historia, sus propiedades, sus características antes de salir de nuestra casa. ¡Es tonto ver lo que hay afuera si no se sabe lo que hay adentro!... Hoy la gente quiere conocer que hay a miles de kilómetros de distancia y no saben lo que hay a un kilómetro su propia casa…”. Digo esto también por el hecho de viajar no está impuesto a todos. No todos pueden hacerlo porque lo impide una cierta cantidad económica no insignificante. En la antigüedad “viajar” era considerado un lujo de pocas personas, ahora no es mas así, pero es siempre un tema importante que no todas las personas pueden permitirse.








