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Editorial

El gusto de comer

Enviado por Paolo Passano el Lun, 12/07/2009 - 16:47.

Comer de forma responsable

Luego de diversos artículos escritos sobre la agricultura y la vida rural, algunos me han preguntado: “¿Qué podemos hacer nosotros que vivimos en las ciudades?”.
Para esta pregunta, hay solo una respuesta: “Comer de forma responsable”.

Comenzamos con el hecho que “comer es un acto agrícola”, porque todo lo que está en nuestro plato proviene del campo, y si esta afirmación está clara podemos también decir que, por consecuencia, la “agricultura es también una acto gastronómico”.

Desafortunadamente, casi nadie hoy es consiente de esta verdad. El hombre es consciente que la comida es un producto agrícola, pero no se considera parte de la agricultura sino se siente un consumidor; y si exagera se transforma en un consumidor pasivo. Compra lo que quiere – o lo que esta convencido de querer – dentro de los límites de cuanto puede encontrar. Paga, en general sin protestar, cuanto debe. Y por lo más ignora ciertas cuestiones críticas sobre la calidad y el costo de aquello que le es vendido: ¿Es fresco? ¿Es puro o limpio, sin productos químicos peligrosos? ¿Cuánto incide el transporte en el costo? ¿Cuánto incide el trabajo, el packaging o la publicidad en el costo? ¿Cuánto incide en la calidad, en el precio o su valor nutricional el hecho que el producto alimentar esta “trabajado” o “pre-cocinado”?

¡Muchos no saben de donde provienen los productos si de empresas, haciendas o industrias, ni saben como vienen procesados! Es increíble como un cliente de la industria alimentar, tiende siempre a ser un simple consumidor, pasivo y dependiente. Algunos dicen que esto es uno de los objetivos de la producción industrial los cuales lograron convencer millones de personas a consumir productos ya listos (preparados). Producen, entregan y cocinan la comida que consumimos y (justo como una mamá) nos solicita a comerlo.

Probablemente exagero, pero tampoco demasiado. El consumidor industrial, en efecto, no sabe que come, comer es un acto agrícola, pero no conoce ni imagina el nexo que existe entre el comer y la tierra y es por esto que es necesariamente pasivo – en síntesis, una victima. Se sufre de una amnesia cultural que al mismo tiempo es peligrosa. La versión hodierna de la “casa de los sueños”  del futuro prevé las “compras fáciles” desde un listado de productos adquiribles por televisión, y calentando la comida con el control remoto. El soñador de esta casa no tiene que saber nada como la calidad de la comida, de donde proviene, en que forma fue producida y preparada, cuales ingredientes, adictivos y residuos tenga. No hemos entendido que no podemos ser libres si la comida que comemos y sus fuentes son controladas por otros. Esta es una de las razones de porque debemos comer de forma responsable: ¡para ser libres!

Obviamente, si existe una política alimentar existe también un estética (doctrina que estudia el conocimiento sensible y no la arte de la belleza) y ética de la comida. Devoramos rápidamente la comida para ir al trabajo y nos apuramos a terminarla para “descansar” la noche, en los fines de semana y en las vacaciones. ¿Cómo es posible recuperar las energías si tenemos una vida tan agitada a la máxima velocidad, rumor y violencia? Muchas veces lo hacemos comiendo una hamburguesa que debería mejorar la calidad de nuestra vida… El consumidor pasivo, sentado frente a un pasto de fast food pre-cocinados, no ve un charol lleno de sustancias inertes y anónimas que son trabajadas, coloradas, empanadas, condimentadas con salsa, macizadas, filtradas, mezcladas, embellecidas al punto que no se parece mas a ninguna parte de ninguna criatura que jamás haya vivido en este planeta.

Esto hace que comer es un acto puramente comercial y no más agrícola. Es normal que la industria no quiera que se conozca como trabajan sus productos, porque sino nadie los compraría, es por esto que es de fundamental importancia la televisión, en especial las publicidades. El deber de los “maquillajeros” de la publicidad es de convencer el consumidor que la comida producida de tal forma es buena, gustosa, sana, garantiza fidelidad conyugal a largo plazo.

Podemos decir, como dice Sir Albert Howard en “The Soil and Health”, considerar “la entera cuestión de la salud del suelo, de las plantas, de los animales y del hombre un único grande sujeto”. Quien consuma comida tiene que darse cuenta que es inevitable que el acto de comer tenga lugar inevitablemente en el mundo, que es inevitable un acto agrícola y que el modo en el cual comemos determina de forma considerable el modo en cual usamos el mundo. Comer de forma responsable significa entender y ratificar, en las medidas posibles, esta complicada relación. ¿Pero, qué se puede hacer? En especial para quienes viven en ciudad:

  1. Participar lo más posible en las fases de la producción de la comida. Cultiven algo de comer, utilicen un jardín y si no tiene es suficiente una maseta. Hagan un poco de compost con los que le sobra de la cocina y utilícenlo como fertilizante, solo haciendo esto ustedes conocerán el ciclo del suelo hasta el fruto. De esta forma apreciarán más lo que comen.
  2. Preparen la comida que comen. Gastaran menos plata y tendrán un mayor “control de la calidad” – sabrán que se adjunta a la comida que van a comer.
  3. Descubrir de donde proviene la comida que compran y compren el producto que proviene de la zona más cerca de sus casas.
  4. Cada vez que es posible, traten de comprar la comida directamente donde el cultivador o criador de su zona. Así eliminaran los intermediarios que sube el precio de la comida.
  5. Aprendan que significa cultivar y criar de la mejor manera.
  6. Estudien en cuanto pueda, si es posible por observación y experiencia directa, el ciclo vital de las especies comestibles.
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